"Toma una sonrisa, regálala a quien nunca la ha tenido. Toma un rayo de sol, hazlo volar allá en donde reina la noche. Descubre una fuente, haz bañar a quien vive en el barro. Toma una lágrima, ponla en el rostro de quien nunca ha llorado. Toma la Valentía, ponla en el ánimo de quien no sabe luchar. Descubre la Vida, nárrala a quien no sabe entenderla. Toma la Esperanza y vive en su Luz. Toma la Bondad y dónala a quien no sabe donar. Descubre el Amor y hazlo conocer al mundo". Mahatma Gandhi

30 mayo 2009

"Africa...gastos descontrolados"



"El Chollo de ser ministro en Kenia"

  • El Gobierno del país africano es uno de los más grandes y caros del mundo
  • Cobran hasta 24.000 € al mes mientras el 60% vive con dos dólares diarios

El presidente keniano, Mwai Kibaki, a la izq., llega al Parlamento en Nairobi. | Reuters

Un presidente, un vicepresidente, un primer ministro, dos viceprimeros ministros, 42 ministros, 50 asistentes de ministros, otros tantos ayudantes, coches de lujo, dietas para el ocio y un sueldo mensual de hasta 24.000 euros. Son las credenciales del Gobierno de Kenia, uno de los más caros del mundo a pesar de que más de la mitad de los 40 millones de habitantes del país vive con menos de dos dólares al día.

El Gabinete de la antigua colonia británica no sólo tiene el dudoso honor de estar entre los más caros del mundo, sino también entre los más grandes y los más ineficientes. Según las estimaciones de los expertos, mantener semejante aparato les cuesta a los ciudadanos de Kenia el equivalente a 500 millones de euros anuales. "El dinero que nos cuesta el Gobierno bastaría para construir cinco autopistas de 50 kilómetros cada una. Es el doble de lo que Kenia recibe para ayuda al desarrollo del Banco Mundial", declara Mwalimu Mati, director ejecutivo de Mars Group, un 'think tank' local que se dedica a controlar a los cargos políticos.

Por si las ventajas de las que disfrutan ministros y miembros del Gobierno no fueran suficientes, la injusticia clama al cielo cuando se trata de sueldos. Un jardinero, un guarda de seguridad o una señora de la limpieza, los trabajos más comunes entre el 80% de la población de Kenia, ganan no más de 40 euros al mes. Un diputado cobra cerca de 12.000 euros mensuales, y los que además de ocupar un escaño en el Parlamento son también ministros, se embolsan hasta 24.000 euros mensuales. Buena parte del suelo se recibe en concepto de dietas, unas prestaciones que están exentas de impuestos y que los diputados se niegan en rotundo a someter a gravamen.

Coches, chóferes y guardaespaldas

El dispendio oficial se explica fácilmente. Cada ministro keniano tiene a su disposición tres coches, todos ellos Mercedes, además de entre dos y siete guardaespaldas así como dos chóferes. Además, gozan de dietas para el vestido y calzado, vivienda, gasolina, ocio y entretenimiento y ayudas a la familia.

En cuanto al presidente, Mwai Kibaki —quien cobra 34.000 euros al mes—, no se mueve sin su convoy de siete coches y una veintena de guardaespaldas que le acompañan allá donde vaya. Lo mismo con el primer ministro, Raila Odinga, quien hasta hace poco más de un año atacaba desde la oposición la extravagancia de los servidores públicos. El líder del Movimiento Democrático Naranja (ODM, en inglés) abandonó recientemente un acto público aireado tras comprobar que no le habían puesto alfombra roja ni instalado un retrete privado. Y en una de sus últimas apariciones públicas, recordó el agravio que supone que su sueldo sea inferior al del vicepresidente, quien todos los meses recibe 30.000 euros del erario público.

Las cifras son absolutamente descorazonadoras en un país donde el último informe económico que precisamente elabora todos los años el Gobierno mostró que la cifra de kenianos que vive con menos de un dólar al día ha aumentado en 2009 de una manera "alarmante", situándose en el 22,8%. En total, se estima que en torno al 60% de la población vive con menos de dos dólares diarios, mientras el desempleo alcanza cotas del 40%.

Odinga, de la oposición al lujo

El descontrol absoluto del gasto llegó con el Gobierno de coalición que hace un año y medio nació para poner fin al conato de guerra civil que sufrió Kenia tras las elecciones presidenciales de diciembre de 2007. Con el acuerdo entre los dos principales partidos, el Partido de Unidad Nacional (PNU, en inglés) del presidente Kibaki y el ODM del primer ministro Odinga se dividieron los ministerios, una estrategia que sirvió para contentar a todos, pero que en realidad no ha hecho más que complicar y encarecer una y a de por sí lenta gestión administrativa.

Así, lo que antes era el Ministerio de Sanidad, con el acuerdo del gobierno quedó dividido en el Ministerio de Servicios Médicos y el Ministerio de Salud Pública. Las batallas por las competencias del sector entre sus respectivos ministros son el pan de cada día. Lo mismo sucede con las Obras Públicas y la Educación, ministerios clave que se encuentran paralizados por las disputas entre ambos partidos.

Pero, a pesar del insulto que supone a los kenianos los sueldos de sus representantes políticos, no es eso sino la corrupción lo que realmente está poniendo en jaque a un país que pretende salir del club de los "países en desarrollo" en 2030. La malversación de fondos, los sobornos y las comisiones gubernamentales son habituales en los círculos políticos, según han denunciado personas conocedoras del Parlamento.

Escándalos 'por error'

Sólo en lo que va de año, dos escándalos —ambos en las más altas esferas— han conseguido tensar al máximo la paciencia de los kenianos. A principios de año, se supo que varias empresas vinculadas con altos cargos del Gobierno habían vendido al exterior maíz de la reserva estratégica del país, mientras Kenia sufría un déficit que disparó el precio de este bien básico hasta el doble de su valor en 2008. La broma ha costado 30 millones de euros, que son los que ha tenido que poner el Gobierno para importar maíz, y ha dejado a 10 millones de personas en situación de emergencia alimentaria.

También a principios de año, la prensa local publicó que una cantidad de gasolina valorada en casi 100 millones de euros desapareció de los depósitos gubernamentales en 2008. Y, el último escándalo, hace apenas unas semanas, cuando se descubrió un "error tipográfico" en la elaboración del presupuesto, que supuestamente fue inflado por el ministro de Economía, Uhuru Kenyatta, en 90 millones de euros. El asunto ha terminado como suelen terminar los asuntos sucios en Kenia: cubriendo un tupido velo. Nunca un ministro en Kenia ha dimitido tras destaparse un caso de corrupción que le involucre.

Asimismo, algunos diputados han filtrado a la opinión pública que los sobornos a diputados en la Cámara Baja —algo que aseguran es muy frecuente— oscilan entre los 500 y los 2.000 euros, dependiendo de la "sensibilidad" de la materia. Como declaró una fuente parlamentaria a elmundo.es, "los diputados pasan de llevar zapatos polvorientos a vestir trajes italianos y conducir coches alemanes en un año".

1 comentario:

Sony dijo...

cuando uno lee este tipo de notas,al principio se queda como en blanco,sin palabras,pero cuando uno mira estas imagenes,cuando uno busca en su memoria el hambre y la miseria que padecen estas personas,porque estamos hablando de personas,uno se indigna,se le revuelve todo adentro,porque no pede creer lo que esta leyendo,como en un pais de extrema pobreza un ministro va a ganar eso,en que mundo estamos,es lo mas injusto que podia pasarle a esta gente.
el articulo refleja el por que hay hambre en ese pais y es hora de que alguien haga algo.

mariposas

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