"Toma una sonrisa, regálala a quien nunca la ha tenido. Toma un rayo de sol, hazlo volar allá en donde reina la noche. Descubre una fuente, haz bañar a quien vive en el barro. Toma una lágrima, ponla en el rostro de quien nunca ha llorado. Toma la Valentía, ponla en el ánimo de quien no sabe luchar. Descubre la Vida, nárrala a quien no sabe entenderla. Toma la Esperanza y vive en su Luz. Toma la Bondad y dónala a quien no sabe donar. Descubre el Amor y hazlo conocer al mundo". Mahatma Gandhi

25 mayo 2009

"La tierra de los mil hielos"





Para algunos, es un lugar extraño donde a los conductores se les avisa del peligro de cruzarse con un oso polar. Para otros, una aventura, una locura, algo maravilloso... Se trata de las islas noruegas de Svalbard, a sólo unos 1.300 kilómetros del Polo Norte.

Ice is Nice es el eslógan que repiten los habitantes de estas islas. Estamos en el archipiélago de Svalbard, que muchos conocen como Spitbergen, uno de los lugares más inhóspitos del planeta. No es para menos, ya que estamos al norte de Noruega, a sólo unos 1.300 kilómetros del Polo Norte. Aquí, la vida que hay se reduce al blanco, al color blanco del hielo que forman los glaciares, que cubren dos tercios del territorio de estas islas. Su población es de unas 2.500 personas para 63.000 kilómetros cuadrados.

Viajar a las Svalbard es una verdadera aventura. Para unos, una locura, y para otros, algo maravilloso. En cualquier caso, una experiencia inolvidable. Para algunos, el nuevo Arca de Noé, por el gran mega-almacén del Gobierno noruego. Para otros, un lugar extraño donde a los conductores se les avisa del peligro de cruzarse con un oso polar. Al bajarnos del avión y andar por Longyearbyen, apreciamos que no estamos en una ciudad cualquiera. Una ciudad sin coches y con más motos de nieve que habitantes.

Un americano llamado Longyear fue quien fundó, a principios del siglo XX, esta ciudad, la más acogedora de Svalbard. Con sus pubs y supermercados, algún museo y galerías comerciales, las ferreterías tienen todo el protagonismo. Hasta tiene universidad, con 100 alumnos, pero universidad. No es difícil apreciar que es otra forma de vida. Las montañas y las aguas del Isfjorden rodean esta ciudad, asentada en el centro de la isla de Spitsbergen, la única habitada de las Svalbard. Junto a Longyearbyen, hay otros cuatro asentamientos, dos noruegos y dos rusos. Ny Alesund y Sveagruva apenas tienen 250 noruegos, aunque Barentsburg y Pyramiden alcanzan los 900 rusos.

Un auténtico playboy ártico

No es casualidad que las cinco ciudades se recuesten sobre el mar, ya que no hay carreteras que las una. El poco asfalto que hay está en los alrededores de la capital. Para viajar de un sitio a otro tenemos que coger pequeñas embarcaciones. El desplazamiento hasta Ny Alesund, la población más alejada en la costa noroeste, parece no tener fin, y cuando vamos llegando se nos representa como un minúsculo oasis en medio de la nada. Aún no sé cómo pueden sobrevivir los escasos 20 habitantes que tiene.

Dejando a un lado la Historia, lo cierto es que estamos en la aparente nada, en un territorio casi deshabitado, pero la belleza de la naturaleza es subyugante. Poco importa que los inviernos sean oscuros, sin que se vea un rayo de luz, y las temperaturas puedan llegar a los 50 grados bajo cero. Siempre hay gente que disfruta, como Mr. Harald Solheim, que vive en un lugar desolado que se llama Kapp Wijk desde hace 30 años. Dicen que es un tanto excéntrico, pero no por dedicarse a la caza, sino por tener un próspero negocio de inversiones en bolsa pese a la coyuntura económica. Algunos dicen que recibe varias visitas de chicas que «quieren conocer su estilo de vida y su sauna». Un auténtico playboy ártico.

Esta es una tierra para la aventura. Pocos sitios pueden unir el deporte con la atracción de la naturaleza. Buscar osos polares en su entorno natural es toda una experiencia. Van a ser cuatro días de emociones a tope, donde vamos a disfrutar con las visitas a Svea, la costa este de Spitsbergen, Kapp Linné y Barentsburg. Con nieve y más nieve a nuestro alrededor, caída la tarde llegamos a Svea, una antigua comunidad de carboneros que se remontan a 1917. Aquí vamos a alojarnos la primera noche de nuestro safari. Llegada la noche, con el sol luciendo en el cielo, las barbacoas son tradicionales.

Después de dormir plácidamente y desayunar, ponemos rumbo a la costa oriental de Spitsbergen. Milla tras milla, vamos descubriendo este maravilloso territorio, donde el hielo ha construido fiordos congelados. En medio de este paraje desértico, helado y solitario, parecemos pequeñas hormiguitas. De repente, nuestro guía nos para y señala al frente. Miro a través de mis prismáticos y, efectivamente, veo mi primer oso polar, que está jugueteando entre los icebergs. Ante mis ojos está el rey del Ártico.

Un aire 'perestroiko'

Es una auténtica masa de pelos blancos, que tan pronto andan a cuatro como a dos patas, aunque toda su majestuosidad aparece cuando se empinan sobre las dos traseras. Son los dueños de estos territorios inhóspitos, auténticas máquinas de velocidad capaces de lograr los 60 kilómetros por hora. Su aspecto bonachón, negreando su hocico, esconde, sin embargo, ataques inesperados. Por eso, es mejor verlos en la distancia. Nuestro guía dice que lleva una pistola porque cuando estos animales se ponen furiosos en la única forma de pararlos. No obstante, están protegidos por el Gobierno y lo mejor es no meterse en su terreno.

El tercer día de la aventura nos lleva hasta Kapp Linné. El viaje se ve acompañado por el ruido de los pedazos de hielo al desprenderse. Nos adentramos hasta llegar a Kapp, en el extremo del Isfjorden. Valga para algo el dato: aquí vemos el Isfjord Radio, el principal centro de telecomunicaciones de Svalbard. Luego llegamos a la comunidad rusa de Spitsbergen. En Barentsburg, una antigua colonia de mineros del carbón, parece que estamos en un país distinto, con la gente hablando en ruso y protegida hasta las cejas por sombreros y chaquetas tipo Brezhnev. Todo tiene un aire perestroiko. El frío quiere arreciar, pero siempre estaré agradecido a Alexander, el camarero del bar, que puso delante de mí una botella de vodka que fue mi salvación.

Tras el almuerzo, llega el momento de retornar a la capital, atravesando el Nordenskiöld, donde las aguas azules interiores, a nivel del mar, se mezclan con cotas que superan fácilmente los 1.000 metros. Acaba nuestro viaje en snowmobile, pero los recuerdos los tendremos para siempre. Han sido cuatro días magníficos en el reino de los osos. Svalbard te puede gustar o no pero seguro que no te deja indiferente.


3 comentarios:

Sony dijo...

lo que daria por ver osos polares en su habita,verlos en todo su esplendor,rodeados de tanto hielo,ojala estos lugares sigan existiendo para que estos animales puedan seguir viviendo rodeados de tanta maravilla.
les gusto el paseo de hoy? espero que si.
un besito.

mirexla dijo...

QUE IMAGENES MAS HERMOSAS OJALA SIEMPRE FUERA ASI CREO QUE CUANDO UNO VE ESTAS IMAGENES PIENSA EN LO MARAVILLOSO QUE ES DIOS CON NUESTRA CREACION DEBEMOS CUIDAR NUESTRO PLANETA MIREN LO HERMOSO QUE ES Y LAS HERMOZAS CRIATURAS QUE TENEMOS

Sony dijo...

me alegro que les haya gustado el paseo amigas,solo que me olvide de decirles que debian abrigarse bien,pero veo que ha valido la pena ya que les gusto el paseito de hoy.
besitos para las dosssssssssssss

mariposas

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