"Toma una sonrisa, regálala a quien nunca la ha tenido. Toma un rayo de sol, hazlo volar allá en donde reina la noche. Descubre una fuente, haz bañar a quien vive en el barro. Toma una lágrima, ponla en el rostro de quien nunca ha llorado. Toma la Valentía, ponla en el ánimo de quien no sabe luchar. Descubre la Vida, nárrala a quien no sabe entenderla. Toma la Esperanza y vive en su Luz. Toma la Bondad y dónala a quien no sabe donar. Descubre el Amor y hazlo conocer al mundo". Mahatma Gandhi

17 septiembre 2009




"El lado oscuro de ( algunas) ONG"

DAVID JIMÉNEZ desde Phnom Penh, Camboya


17 de septiembre de 2009.- La última vez que critiqué el trabajo de algunas ONG recibí la protesta conjunta, irascible y por carta al director de las principales organizaciones españolas. Lo cuento porque refleja el primer problema de las ONG: se escudan en su labor solidaria para reclamar inmunidad ante la crítica, el control independiente de sus cuentas o el escrutinio de sus miembros. Y debería ser al revés: precisamente porque muchas de ellas manejan dinero público (luego llegaremos a eso) y donaciones cuyo objetivo es salvar vidas, su supervisión debería ser aún mayor.

Digo 'algunas' ONG porque hay muchas que hacen una gran labor y merecen admiración. Pero ha sido volver a Camboya y ser recordado a cada momento de los defectos y excesos de un movimiento que necesita urgentemente preguntarse qué fue de su espíritu originario. Es difícil encontrarlo en la monarquía de la solidaridad que campa por Camboya. Una parte importante del personal de ONG que trabaja en este país se pasea por las calles de Phnom Penh en innecesarios y lujosos coches todo terreno, alquila grandes mansiones pagando precios desorbitados que dejan fuera del mercado a los locales, vive una vida completamente desapegada de las personas a las que supuestamente ha venido a ayudar y elige sus proyectos teniendo en cuenta si saldrán o no en la televisión. Si además ayudan…

Pero no vaya usted a decirle a una ONG que no basta con construir un colegio: también hay que formar a los profesores y ofrecer un incentivo a las familias para que permitan a sus hijos dejar la fábrica o el campo de arroz. No vaya usted a decirle que no basta presentarse en un burdel y colgarse la medalla de haber llevado a cabo un rescate de prostitutas: también hay que ofrecer opciones laborales alternativas a las rescatadas. Y tampoco vaya usted a sugerir que tal vez la última moderna y millonaria máquina ultrasonido sea un desperdicio en una clínica rural donde los médicos no saben utilizarla y lo que realmente se necesita son mosquiteras contra la malaria. No, no vaya usted a decir nada de todo esto porque le responderán que es usted parte de la alianza de conspiradores que no desea ver al Tercer Mundo levantarse.

Para ser justos, hay que decir que 'algunas' ONG en Camboya han contribuido a reducir drásticamente el tráfico sexual de la infancia, han llevado a cabo importantes proyectos de conservación forestal en el norte del país; han educado a poblaciones remotas y salvado miles de vidas ofreciendo una alternativa al inexistente sistema público de salud. La cuestión es que incluso esas ONG necesitan profesionalizarse, porque detrás de ellas hay personas, con los mismos defectos y virtudes que en cualquier sitio. Existe la posibilidad -o más bien la certeza- de que tarde o temprano se arrimen a su orilla personas que buscan ayudarse a sí mismas y no a otros, jóvenes deseosos de pasar unas vacaciones pagadas en un destino tropical o simplemente ineptos con buenas intenciones y ninguna preparación, a menudo los que más daño hacen.

Me dirán que dé nombres -¿quiénes son los buenos? ¿y los malos?-, pero hay más de 700 ONG sólo en Camboya y 40.000 internacionales en el mundo. No tengo el espacio y citar a dos o tres sería dejar a demasiadas fuera. Tampoco es la intención de llamar la atención sobre ineptitudes, corruptelas y abusos concretos, trabajo que por otra parte corresponde a Gobiernos, policías y jueces. De lo que se trata es de hablar de los defectos generalizados que hacen posible o facilitan que muchas ONG no estén a la altura de su importante labor.



Varios niños que han sufrido pederastia en la casa de acogida de una ONG en Camboya.

Uno de esos defectos se encuentra en el hecho de que las ONG hayan dejado de ser lo que dicen ser: Organizaciones No Gubernamentales, la descripción que da nombre a sus siglas pero que ha perdido su coherencia. La mayoría de las principales ONG, y esto ocurre con especial frecuencia en el caso español, obtienen una parte importante de sus ingresos a través de las subvenciones del Gobierno central, autonómico o municipal de turno. La consecuencia ha sido la pérdida de su independencia. En Camboya, por ejemplo, España gasta un dinero importante en la siempre importante lucha contra la violencia de género, pero no porque sea uno de los problemas más acuciantes que vive el país, sino porque es un asunto bandera del Gobierno español y resulta más fácil lograr una subvención si se añade la palabra 'género' a la petición. El baremo debería ser otro: un análisis de las necesidades más importantes del país y una propuesta seria sobre cómo atajarlas.

Ah, la subvención. Las ONG han entrado en un juego en el que para mantener o aumentar el dinero público que reciben deben dedicar gran parte de sus recursos a la autopromoción. Cuando más se sale en los periódicos, mayor la subvención. La situación ha llegado al esperpento en el caso de los viajes pagados por ONG a periodistas españoles, que acuden a lugares exóticos gratis total y con el compromiso de ofrecer un amable reportaje a cambio. El trueque deja mal a ambos: la ONG que emplea recursos de los necesitados en viajes de auto bombo y los periodistas que los aceptan, comprometiendo su independencia y su ética (y no sólo la profesional).

Dicen las ONG que hablar mal de ellas desanima a los donantes. Nada más lejos de mi intención. Pero no hacerlo, manteniendo la inmunidad a la crítica que demandan muchas organizaciones, sólo contribuye a acelerar la decadencia que vive una parte importante del movimiento solidario. De ahí que me permita un consejo final a quienes dan dinero a las ONG: no se conforme con recibir la foto del niño apadrinado por Navidad. Entregue dinero sólo a aquellas ONG que tengan sus cuentas debidamente auditadas, prueben el trabajo realizado y abran sus puertas a todo aquel que quiera indagar sobre sus actividades, el currículo de su personal o el destino de hasta el último euro de sus fondos. Y sobre todo, sigan donando.



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1 comentario:

Sony dijo...

lamentablemente en estas cosas donde se maneja mucho dinero hay tambien mucho descontrol,quien se va a tomar la molestia de pedir si estas organizaciones tienen una cuenta bancaria eficiente,quienes son sus profesionales y si son cualitativos,la gente que dona dinero o apadrina niños en otros paises lo hace de corazon,de buena fe para ayudar a estos pequeños,son los de estas ONG los que deberian dar mas trasparencia a estas cosas y dejar de andar viviendo en mansiones y pasear en coches de lujo,verguenza deberian sentir por estas publicaciones.
un abrazo para todos.

mariposas

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