"Toma una sonrisa, regálala a quien nunca la ha tenido. Toma un rayo de sol, hazlo volar allá en donde reina la noche. Descubre una fuente, haz bañar a quien vive en el barro. Toma una lágrima, ponla en el rostro de quien nunca ha llorado. Toma la Valentía, ponla en el ánimo de quien no sabe luchar. Descubre la Vida, nárrala a quien no sabe entenderla. Toma la Esperanza y vive en su Luz. Toma la Bondad y dónala a quien no sabe donar. Descubre el Amor y hazlo conocer al mundo". Mahatma Gandhi

17 diciembre 2009



"La reencarnación de Demet"

Dicen que reencarnarse ayuda a purificar el espíritu viciado de la vida que se ha llevado. Que en cada existencia eres sometido a determinadas pruebas que irán limpiando tu alma hasta conseguir ser un maestro en el plano espiritual. Ésta es una de las tantas creencias que existen en torno a la reencarnación (volver a “encarnar”), que inundan de misticismo la existencia de pueblos sometidos al yugo de la pobreza y/o las catástrofes climáticas.

Reencarnación

¿Quién fui en mi anterior vida?… Psicólogos clínicos especializados en la hipnosis, como Brian Weiss, han profundizado en el tema recurriendo a la llamada “hipnosis regresiva” en la cual la mente llega a un punto en su sueño que es capaz de rememorar supuestas vidas pasadas; esto se explica a que nuestra alma mantiene cada vivencia en una especia de “chip” intrínseco, como una marca de guerra.

La sabiduría popular afirma que los niños, en sus primeros años de vida, siguen vinculados a esos recuerdos de tiempos pasados y que pueden llegar a hablar de “otra casa”, “otros padres” e incluso de “otros juguetes”, pero que al adquirir experiencias nuevas los van “borrando”. Y uno de los casos más sorprendentes del mundo de la reencarnación es el protagonizado por una pequeña niña turca, Demet.

La historia de Demet

El 1 de noviembre de 1998 fallece una joven en un accidente de coche, Atra Kapi, y 28 días después nació, cerca de allí, una niña muy especial llamada Demet. Ésta, desde que supo hablar, empezó a contar una extraña historia: que ella tenía dos madres -incluso decía el nombre de esa otra-, y se ponía nerviosa, temblando y llorando, cada vez que pasaban cerca del lugar donde la infortunada Atra había fallecido “aquí fue donde tuvimos el accidente”, decía. Para su familia, la situación de Demet era un don divino, una forma de ayuda para las personas que mueren inesperadamente.

Al narrar la niña tan minuciosamente los detalles de su “muerte” originó que un investigador decidiera ir más allá y hablar con la familia de Atra kapi. Las versiones de la hermana de ésta y de Demet coincidían de tal manera que uno se estremece escucharlas. Sea o no cierto, Demet es una niña muy especial, sensible y compasiva, y su familia ve en ella la confirmación de su fe.

Las lecturas que se pueden hacer respecto a la reencarnación son varias. La más esperanzadora es la idea de que tenemos una segunda, tercera, cuarta, quinta… Oportunidades de redimirnos hasta alcanzar la perfección espiritual y limpiar nuestro karma (=acto). Alivia el peso del existencialismo y atenúa el miedo a la muerte. Quizás sean estos los motivos por los cuales tantas personas se aferran a ella y perciben su existencia de otra manera, como una situación temporal para alcanzar el más allá.




"El peso del alma..21 gramos"


¿El alma pesa?…

Es una pregunta que aún a día de hoy no se ha obtenido una explicación o razonamiento muy claro.


Está comprobado científicamente que el cuerpo antes de morir pesa una cantidad y después de la muerte ha perdido 21 gr.

¿Pero se sabe a que corresponden esos 21 gramos que perdemos después de exhalar nuestro último aliento?

Según las investigaciones del Doctor Douglas MacDougall y su “teoría del peso del alma” que se remonta a 1927, toda persona pierde 21 gramos en el último minuto de su muerte, lo que según él, equivaldría al alma o espíritu que se ha desligado del cuerpo carnal de la persona. Su teoría fue basada en experimentos con personas moribundas que fueron pesadas minutos antes de morir y en todas habían perdido la misma cantidad, 21 grs.

El Doctor Douglas utilizaba para tal proceso una cama especial muy sensible a las variaciones de peso. Por cierto, dicho artefacto fue construido por él mismo. Este doctor colocó en ella a seis enfermos terminales, y sobre ella los iba observando y pesando durante los últimos momentos de su vida (antes, durante y después). Y el resultado obtenido fue el mismo en todos los casos, todos perdían 21 gramos justo antes de morir.

Incluso experimento con perros pero no obtuvo el mismo resultado de los 21 gramos. Según la teoría de varios filósofos griegos, solo los humanos poseemos alma, por la capacidad de soñar. Algo, por otra parte, también discutible.

Hay otros científicos que aseguran que esos 21 gramos se deben a que la persona, una vez que ha fallecido, ha exhalado todo el aire que tenia dentro (otros dicen que es a causa de la relajación de los esfínteres). Pero está totalmente descartada ésta teoría, ya que los gases no pesan tanto.

Y sí esto fuese cierto, ¿A dónde irá nuestra alma? ¿Existirá realmente la reencarnación?… Son tantas preguntas y tan pocas respuestas. Al final siempre nos quedaremos con esa gran duda… ¿Tenemos alma?


1 comentario:

Sony dijo...

creo en ambas cosas,en la reencarnacion y en que tenemos alma,sin el alma dejariamos de hacer tantas cosas,cuantas veces hemos escuchado lo hiso de alma,es eso los que nos hace caritativos y a la vez es esa llamita que llevamos dentro y que se apaga cuando partimos.
les dejo tambien este hermoso video,cantado por jose luis perales y un coro de niños,preciosa cancion y con mucha reflexion.
un besito y sera hasta mañana!!!!!!!

papa noel

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